Comenzó su camino por el show business en 1984 cuando
co-fundó Def Jam en 1984 en NY. Junto a su socio
Russell Simmons editaron a Public Enemy y produjeron a
bandas como Beasty Boys o Run DMC. Pese a ser un fan
de AC/DC o los Zep, fue de los primeros en ver en el
rap algo grande, de hecho lo que estaba siendo el
nuevo R'n´R.
Una vez conseguido el objetivo de triunfar en la
producción de grupos de rap, unió a las grandes bandas
del rock con los raperos, el inicio de lo que ha sido
un más que interesante movimiento musical, que aunque
terminara degenerando en una pléyade de marionetas de
las compañías luciendo chandals y todo ese horror que
os estará viniendo a la cabeza, tuvo momentos
brillantes. Suya fue la mezcla de Aerosmith con los
Run DMC, el origen de todo esto, mientras se permitía
a la vez escupir sangre junto a los Slayer de “Reign
In Blood”.
En 1988 se separó de su socio y montó Def American en
L.A. Desde Danzig a Jesus & Mary Chain ó Andrew Dice
Clay, por sus manos han pasado muchos de los grandes.
Para mi su eclosión como genio indiscutible fue la
producción de “Blood, Sugar, Sex, Magic” cuyo periodo
de grabación fue retratado en el documental “Funky
Monks” (más que recomendable). Cualquier músico,
aficionado, interesado en el negocio o afilador
ambulante de los que te despiertan a voces un sábado,
debe escuchar ese disco y empaparse de lo que es la
energía en estado puro. Es imposible destacar otro
aspecto del disco sin caer en la injusticia, porque
hasta el aturullado Chad Smith estuvo inspiradísimo en
los parches y percusiones. Del todopoderoso bajo de
Flea, que reduciendo su velocidad ganó en pegada, o de
las caleidoscópicas guitarras de Frusciante que
abrazaron todos los estilos posibles, no voy a decir
más.
Rubin a diferencia de la mayoría de los productores no
busca retocar cada instrumento, ni conseguir un sonido
determinado de la banda, trata de ser el nexo entre el
grupo y la inspiración. Es un tipo que habla poco y
escucha mucho, no suele contestar cuando le preguntan
algo concreto sobre lo que están grabando. El guía y
aconseja, toma un par de pasos de distancia y trata de
ver que lleva cada músico dentro para que lo saque,
aunque no sea lo que se espera de él. Esto fue
especialmente cierto en ésta grabación, donde los
R.H.C.P. eran ya una gran banda de funk-rock, con un
bajista considerado de los mejores del mundo, pero él
se encargó de sacar una amplitud de registros
desconocida hasta por los propios miembros de la
banda.
Uno de los trabajos de los que se siente más orgulloso
es el (en pie) “Wildflowers” de Tom Petty. Sus
palabras a propósito de su visión sobre como debe
afrontarse la grabación de un disco:
“Most artists only hear their own instrument. Not all,
of course; Tom Petty is a good example of someone who
doesn’t. He really is a record-making craftsman. He
hears the whole thing. Some of the things I’m most
proud of are things I’ve done with Tom. Like the
Wildflowers album. I really like it a lot; it sounds
like it was made on a weekend. Of course, it took us
two years to make it sound like it was made on a
weekend—the right weekend!”
Hablar de lo que hizo con Johnny Cash es difícil. El
nivel de reverencia al que llego me hace perder
perspectiva. No sólo fue grabar unos discos
acojonantes, ni hacer que Cash pasara por primera vez
del millón de copias vendidas de un album, devolvió a
Cash su magia y hasta cierto punto, su dignidad. Sin
sus discos de los 90, Johnny Cash habría sido una
leyenda que se fue apagando poco a poco y del que
sería mejor quedarse con el recuerdo de lo que hizo
antes de 1980 (exagerando un poco).
Hubo conexión espiritual y respeto mutuo. Si alguno de
vosotros cegado por la adrenalina juvenil no ha
prestado atención a las grabaciones de los '90 de
Cash, haceros un gran favor y poneros con ello. Pocas
miradas a los ojos de la muerte escucharéis con más
valor y entereza (“We´ll Meet Again”), costumbrismos
que hubieran puesto a John Ford manos a la obra (“Give
my Love to Rose”), o declaraciones de rebeldía (“I
Never Picked Cotton”) releídas con el sosiego de la
senectud. A todo esto añadirle unas producciones
crudas y carentes de artificios y tendréis el
verdadero espíritu de rock, del country o incluso de
eso que llamaron punk, en su más elevada forma.
Ahora, con la admiración por las nubes y el culo
apretado de la emoción es el momento de decir que
Rubin está por encima de todo, por encima del qué
dirán y de los retos. Sería más que interesante saber
porque ha sido el productor ejecutivo de “La Tortura”,
el excelente título (por lo adecuado) de Shakira con
el cebón platino Sanz. Quizá su reto es devolver
dignidad a lo comercial, o quizá se quería follar a la
colombiana. Yo particularmente estoy hasta por darle
otra oportunidad a la canción (no llegará la cosa a
tanto).
Desde las Dixie Chicks a RATM, de Audioslave a Joe
Strummer, todos han buscado refugio en Rubin. Incluso
nuestro querido Jagger lo hizo en el “Wandering Spirit”,
lástima que no le fichara para algún album de los
Stones, seguro que habrían hecho algo grande, aunque a
tiempo estamos...
Parece ser que además del próximo disco de los R.H.C.P.
a publicar en 2006 y que están grabando en la mansión
donde grabaron “B.S.S.M.” (ya sabéis, donde Manson
pasó desgraciadamente a la posteridad), tiene ente
manos la resurrección de Neil Diamond, el hombre que
un día nos escribió “Sweet Carolina” para poder
sentirnos tiernas almas sensibles. Estoy deseando oír
lo que salga de ahí.
The Sentinel Web Magazine