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Hay personajes públicos adictos a la fama. Otros son
adictos a la polémica. Y otros, como Bono, parecen simplemente
adictos a sí mismos. Afortunadamente, el cantante de U2 demuestra
su egodependencia trabajando no sólo para sí mismo.
El National Arts Center
de Nueva York, en el que acaba de entrar el rockero irlandés junto
a su esposa, Ali Hewson, y el diseñador Rogan Gregory, es
posiblemente uno de los templos de la cultura más intimidatorios
de la ciudad. En su interior, que aún conserva el estilo
victoriano en el que fue concebido en la segunda mitad del siglo
XIX, reposan los bustos y retratos de algunos de sus más ilustres
socios, creadores célebres de todas las ramas del arte
estadounidense de los últimos 100 años. Desde el escritor
Tennessee Williams hasta el arquitecto Stanford White. En esta
tarde helada de febrero, Bono se muestra fascinado por el elegante
y selecto espacio que le acoge. Rápidamente aprende a moverse por
allí como si estuviera en su propia casa, y poco después, en la
calidez de la impresionante biblioteca, se dará uno de sus
habituales baños de protagonismo frente a un centenar de artistas
tan famosos como él, entre ellos Lou Reed,
Salman Rushdie, Jeff Koons o Julian Schnabel.
Bono y Ali han reunido
allí a la crema de las artes y la moda (Naomi Campbell o Christy
Turlington) para celebrar con ellos el lanzamiento de Edun, la
marca de ropa “con conciencia social” que convierte a Bono en la
enésima celebridad que da el salto al mundo del vestir. Pero él, a
diferencia de Jennifer López, no se ha atrevido a diseñar. Sólo
aporta la filosofía y la política que hay detrás del logo. Edun es
una línea basada en el comercio justo y en la creación de empleo
en países en vías de desarrollo como Perú o Túnez. Una marca
diferente. Y un plan vital que Bono se impuso a sí mismo cuando se
convirtió en estrella del rock a principios de los años ochenta.
Entonces lo dijo claro: “Tengo dos objetivos, divertirme y
cambiar el mundo”.
De lo primero ha tenido
bastante gracias a su éxito junto a U2, corroborado recientemente
con tres premios Grammy por el single Vértigo de su nuevo disco,
How to dismantle an atomic bomb. Su vocación por mejorar el planeta
se ha incrementado con los años, hasta el punto de convertirse en
uno de los mejores abogados públicos de la lucha contra el sida en
África, alguien que tiene el privilegio de reprender a George W.
Bush en el mismísimo Despacho Oval o de escribir los prólogos de
libros como The end of poverty, del respetado economista Jeffrey
Sachs.
Ali, madre de sus cuatro
hijos y compañera desde hace 18 años, es poco conocida fuera de
Irlanda, donde es una celebridad que llegó a ser propuesta como
candidata a la presidencia. Sus compatriotas la han visto luchar
infatigablemente contra una planta de residuos nucleares cercana a
Dublín o trabajar a favor de los afectados por la catástrofe de Chernóbil y prestar su voz a un documental sobre el tema que ganó
un Oscar en 2004. Ella ha acompañado a Bono a muchos de sus viajes
a África y es el cerebro de la operación Edun.
La tercera pieza del
rompecabezas es Rogan Gregory, el prácticamente desconocido
diseñador neoyorquino al que la pareja tocó con su varita al
ofrecerle la parte creativa del proyecto: diseñar una colección
inspirada en el regreso a la naturaleza con la que esperan
convertirse en ejemplo para una industria que tras su aparente
glamour esconde, entre otros pecados, formas de producción basadas
en la maximización de beneficios a costa de la explotación de
niños y adultos en Asia.
Bono, Ali y Rogan se
sientan tras la fiesta a explicar los pilares esenciales de Edun,
una marca que en España venderá en exclusiva El Corte Inglés.
¿Es
Edun parte de un plan para cambiar el mundo?
Bono. Sí. En el
siglo XXI no hay que esperar una gran revolución. El mundo hay que
cambiarlo a pasitos pequeños. Hoy, ir de compras es política. El
lugar donde decides comprar las cosas o lo que escoges puede
cambiar el mundo a largo plazo. Lo que estamos haciendo es, de
forma sencilla, a pequeña escala,
algo que dentro de unos
años verás a gran escala. La gente cada vez está más interesada en
saber en qué se gastan su dinero, y si lo que ofreces es bonito y
encima creas puestos de trabajo…
Rogan. Ése es el
modelo, pero también detrás está nuestra intención de crear una
estética interesante. Mi misión era crear una línea atractiva; ésa
es la clave, porque necesitas que a la gente le guste lo que
vendes. No puedes forzarles a comprar sólo porque estás
produciendo de una determinada manera. Si les haces estar guapos y
encima les muestras que hay otras formas de hacer negocios, te los
vas a ganar.
¿Pero
cómo van a educar a la gente para que hagan esa elección? No todo
el mundo está en condiciones de elegir.
Ali. Yo creo que
la gente ya está educándose en ese sentido. Hace diez años, nadie
miraba las etiquetas de la ropa para ver dónde estaban hechas las
cosas. Ahora sí. Muchas madres no quieren que sus hijos se vistan
con ropa fabricada por otros niños. Ocurre lo mismo con la comida…
el mundo se está haciendo esas preguntas.
¿Se
visten siguiendo esas reglas?
A. Es algo que
estamos aprendiendo ahora. Para nosotros también es un mundo
nuevo.
Después de años de denunciar la ausencia de un comercio justo para
el Tercer Mundo, ¿por qué se han decidido a entrar en el negocio
ahora?
A. [Risas]. Bono
estaba demasiado ocupado haciendo música…
B. Ahora es el
momento justo. Y además, no se me ocurrió antes.
A. Nos hemos dado
cuenta del impacto que puede tener, por el volumen económico que
puede llegar a mover y la cantidad de gente implicada en la cadena
de producción.
¿Pero
cuál es el objetivo? Porque ustedes no necesitan ganar más dinero…
B. Pero Edun es
un negocio, queremos ganar dinero. Yo quería hacer esto porque
tiene que ver con mi labor en África y quería probar un punto muy
concreto: que el comercio es mejor que la ayuda. Cuando les
explico mi proyecto a los africanos, se alegran mucho porque no
quieren caridad. Si miras las cifras, te das cuenta de que la
participación en el comercio mundial correspondiente a África ha
pasado del 6% de 1980 al 2% de 2002. Si pudiera recuperar sólo un
1%, significaría ganar 70.000 millones en exportaciones, tres
veces más de lo que se recibió ese año en ayudas al desarrollo.
Por eso es importante que sea rentable. Yo soy un artista, pero me
tomo los negocios muy en serio… con los años aprendes que los
negocios y la música son compatibles porque quiero asegurarme de
que nuestra banda
tenga la independencia y
la libertad de expresarse. Y en la moda va a ser lo mismo.
¿Por
qué escogieron colaborar con Rogan?
A. Nos hablaron
de él, fuimos a ver su ropa y nos enamoramos de lo que hacía. Lo
interesante es que ya estaba encaminándose en esa dirección,
trabajando con algodón orgánico. Decidimos unir nuestras fuerzas.
R. Para nosotros
fue fabuloso porque era una forma de llegar a más gente que con
nuestra línea de ropa, de distribución limitada. Mi trabajo
siempre ha estado inspirado en la naturaleza, la gente ha perdido
el contacto con ella, es como si se nos hubiera esterilizado. Con
esta colección he seguido esa tendencia, que está directamente
unida a la responsabilidad ecológica.
¿Como
escogieron los países en los que se fabrica la ropa?
R. Para empezar
hay que crearse una reputación, así que elegimos las mejores
fábricas que conocíamos en países en vías de desarrollo.
A. Al disminuir
los aranceles en China, muchos propietarios de fábricas textiles
en otros países están trasladándose allí porque será más barato.
Nosotros queremos mantener el trabajo en esos lugares, crear
riqueza, desarrollo sostenible, y mantener vivas las comunidades.
Tenemos diferentes objetivos a corto y medio plazo, como utilizar
tejidos orgánicos y no subsidiados. Son cosas que irán ocurriendo.
B. Una de las
razones para estar en Perú es que encontramos un algodón teñido de
forma natural, siguiendo una antigua técnica que se remonta a los
incas. América Latina no es tan pobre como el África subsahariana,
pero estamos contentos de ayudar allí.
¿La
moda es un arma tan poderosa como la música para influir en la
sociedad?
B. Yo creo que
más. Mueve muchos más millones.
¿Cree
realmente que los famosos pueden cambiar el mundo como si fueran
políticos?
B. No. Lo que
nosotros conseguimos es que las ideas se vuelvan populares, y
cuando eso ocurre, los políticos se ponen nerviosos. La gente de
la izquierda europea debe darse cuenta de que los subsidios a la
agricultura no son justos para los africanos. Sólo intentamos
cambiar las reglas.
¿Esperan servir de ejemplo a la industria de la moda?
R. Este negocio
está basado en copiar lo que a otros les ha ido bien. Así que es
bueno tener una empresa que invita a otros a reproducir tu modelo.

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