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A principios de los ochenta, cuando le presentaron al
fotógrafo que les había mandado la revista 'New
Musical Express', Bono tenía muy claro que algún día
quería llegar a ser otra persona. La que aparenta ser
hoy, se supone. El cantante de U2 lo recuerda así: «Le
pedí que me hiciera alto, delgado, inteligente, con un
gran sentido del humor... Me contestó: 'O sea, que
quieres ser como yo'». Anton Corbijn, el fotógrafo que
vacilaba a aquel desconocido con melenas llamado Paul
Hewson (Bono), empezó a construir entonces la
percepción que el mundo tendría del gran grupo de rock
contemporáneo. Cuando le ofrecieron el trabajo por
primera vez pensó que U2 era un grupo 'heavy', por el
nombre, y no quiso saber nada, pero en 1982 aceptó y
luego les hizo la foto interior del LP 'War'. Después,
ha firmado todas sus portadas.
Allí comenzó una historia
en imágenes que dura 23 años, ahora investida de un
aura mítica, y que Corbijn se ha decidido a reunir en
un libro de tres kilos. 'U2 & i' es uno de esos
fantásticos tochos de lujo para regalar a fans
empedernidos, y también el título de la exposición
fotográfica que ha montado de forma paralela. Se halla
hasta el 31 de enero en Roma, en la galería
Lipanjepuntin.
Su currículum abruma y
sus últimas semanas de trabajo aún más. Acaba de hacer
fotos a los Rolling Stones, Coldplay y dos de los
nuevos grupos de moda, Arcade Fire y The Killers. Una
agenda en la que, por sorpresa, aparece un cantaor
flamenco, José Mercé: «Voy a hacerle las fotos para el
nuevo disco; quedó tan contento las otras veces que
ahora ha retrasado la salida del disco para esperar a
que yo tuviera un hueco». Luego se va a Hollywood,
donde le espera su primera película, el gran proyecto
que prepara desde hace años. No sólo porque sea el
paso al cine, sino porque 'Control' contará la vida de
Ian Curtis, el atormentado, suicida y venerado líder
de Joy Division. «Él era mi amigo, y por ellos me fui
a Londres, para mí es muy emocionante», confiesa. Lo
que no dice es quién interpretará al cantante, una de
las dudas que causa fibrilación entre los militantes
del culto a esta tenebrosa banda. La otra es el guión
del filme, porque está basado en el cuestionado libro
de su viuda, Deborah Curtis, que será encarnada por
Samantha Morton.
Joy Division fue el
primer mito musical al que se hermanó la cámara de
Corbijn. Luego llegaría U2, a quienes consagró como
icono en 'The Joshua Tree'. Habían ido a California,
al desierto, para buscar una buena imagen para la
portada del disco, que se iba a llamar algo así como 'Desert
songs' o 'The two Americas', pero Corbijn se fijó en
los famosos árboles y a Bono le encantaron. El
ambiente de la excursión era de juerga y se tuvieron
que poner muy serios para la foto. Además se morían de
frío, porque era pleno invierno. Es decir, su imagen
no era nada real, pero atrapó perfectamente la
atmósfera de la música. Ése es el don de Corbijn.
Según Bono, «retrata más la música que el músico». El
blanco y negro de la mayoría de sus trabajos desnuda
al personaje e indaga en la persona... para elaborar
un personaje nuevo, pero más auténtico. Es un creador
de identidades del mundo del rock que, naturalmente,
también acabó trabajando con el vídeo. Por eso le
llama, como si fuera un productor, quien desea una
nueva imagen (el último disco de Bruce Springsteen).
Se ha vuelto imprescindible para muchos grupos y
cantantes. Por ejemplo, Depeche Mode, su otra
simbiosis histórica en vídeos y portadas.
Metallica, REM, Red Hot
Chili Peppers, Rollins Band, David Sylvian, Joni
Mitchell, Nick Cave, Mercury Rev, Iggy Pop, David
Bowie y Elvis Costello han solicitado sus servicios. Y
Frank Sinatra, Johnny Cash, Miles Davis... Y los
grandes del cine, la moda, el deporte. Entre las
recientes entradas en su colección de mitos se halla
el último vídeo de Nirvana, 'Heart Shaped Box', en
1993.
Por casualidad
Llegado a la fotografía por casualidad -llevaba la
cámara de su padre a los conciertos para verlos
gratis-, asegura que además siempre se ha sentido un
extraño con la imagen en movimiento. «Al principio,
para mí era muy difícil trabajar con el vídeo,
acostumbrado a la imagen estática, por eso me salían
tan raros, como sueños, una dificultad que luego se ha
convertido en una característica. Fíjate, antes tenía
miedo y ahora voy a hacer una película», comenta.
Pero con todo, siempre se
le verá como el fotógrafo de U2, y ya es casi uno de
ellos. «Hace poco, en Londres, Bono y yo íbamos con
una copas de más, dijimos al chófer que nos dejara
conducir y nos paró la policía, pero no era para
multarnos, sino para pedirnos un autógrafo», relata.
El líder de la banda es su favorito para los retratos,
por sus muchas caras. Adam Clayton (bajista), es el
más sorprendente, Larry Mullen jr. (batería) se aburre
enseguida, pero es muy fotogénico y The Edge
(guitarra) siempre sale igual. Ya les conoce como una
familia. Lo explica muy bien Michael Stipe, el
cantante de REM: «Anton y esos 'gentlemen' de U2 son
un matrimonio del que muchas veces he tenido celos.
Hay una relación entre su ojo y su pensamiento
colectivo, entre su mente y la total ausencia de miedo
que les caracteriza». De todos modos, en opinión de
Bono, Anton Corbijn también les envidia: su problema,
dice, es que siempre quiso tocar la batería.
El Comercio Digital
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