La sabiduría popular de las grandes discográficas de la electrónica se reduce a esto: ‘Si pudiéramos encontrar una banda de rock que toque música dance y sepa escribir canciones de verdad’. U2 lo ha hecho en Pop – y nadie se preocupa.

 

Por Brendan Kennelly

 

Hace unos cuantos años el aclamado poeta Irlandés Brendan Kennely fue invitado por un periódico Irlandés a hacer una crítica del álbum de U2 Achtung Baby – y, a cambio, Bono haría una crítica del poema épico de Kennelly The Book of Judas. Kennelly siguió siendo un fan de U2 y en 1997 Propaganda lo invitó a echar un vistazo al último trabajo de U2 a través de sus oídos de poeta. ‘Ningún álbum que yo pueda recordar empieza con un clímax desde que un clímax es un momento de apasionada expresión el cual asiduamente tiene que ser preparado. Este ya es el primer rasgo atrevido de Pop. Discothéque es una canción climática en lo sexual y en lo espiritual, una cima musical, y nos retumba, desde el mismo principio, en un mundo en el que el amor esta escrutado desde muchos ángulos, diferentes perspectivas, y en una asombrosa variedad de voces. Digo variedad deliberadamente, aunque, obviamente, sólo oímos la voz de Bono. Seguramente esa voz contiene dentro una gama completa de voces agradablemente controladas extendiéndose desde las primitivamente energética hasta la conmovedoramente anhelante, desde la abrasivamente física a la espiritual, desde la profundamente seria a la descaradamente frívola. Dentro de esa voz esta el alma del buscador, el indomable espíritu de una persona que busca el amor y la paz en un mundo echo trizas por el odio y el mal rollo. Es como si Bono hubiera permitido entrar las energías destructivas y obscenas de nuestro mundo a su propio corazón para dar forma y autoridad a su visión de paz y amor.
 

Aunque esta visión ha sido constantemente atacada, incluso, en momentos, profundamente herida, con el resultado de que muchas de las memorables canciones de Pop están plagadas de dudas, ambigüedad, un generalizado sentido de daño y un oscuro sentido de pérdida. Incluso, o quizá incluso especialmente, una relación humana central, esa entre un hombre y una mujer enamorados, esta constantemente oscurecida por una amenaza que acecha y no se marchará porque la violencia, en una u otra forma, prospera en el corazón de las cosas. Love is a belly pushing and shoving in the belly of a woman Heavy rithym taking over To stick together A man and a woman Stick together …(Do You Feel Loved?). La emocionalmente pegajosa naturaleza de la relación esta examinada a fondo, y convincentemente celebrada, en esas canciones.

 

Aún así pocas de las canciones se puede decir que están totalmente descubiertas; son, en vez de eso, sensiblemente cautelosas, brillantemente insinuantes, erizándose con implicaciones que atormentan al que escucha como si escuchase una y otra vez las palabras, hasta frases que encantan la imaginación y los sentimientos mucho después de que la canción haya terminado. No acaba en absoluto, de echo. En vez de eso, Pop se insinúa, lenta y deliberadamente en nuestras mentes y nuestros corazones y encuentra ahí su propio y especial sitio. She feels the ground is giving way The more you take the less you feel The less you know the more you believe The more you have the more it takes today (Last Night on Earth).’ Last Night on Earth’ explora con agudeza las tensiones entre dar y tomar, en el amor. El estribillo, ‘You got to give it away’, co-existe con el sentimiento de daño y el de gratificante cumplimiento, que son inseparables del sentimiento de magnífico derroche y extasiado abandono implícito en esa memorable línea: ‘She’s living like it’s the last night on earth’. Hay momentos en los que la voz de Bono tiene una urgencia que parece definitiva.

 

Vivimos en una época en la que la sexualidad y la espiritualidad son habitualmente tratadas como realidades completamente separadas a pesar del echo de que a través de los tiempos algunos de los poetas y escritores de canciones mas grandes identifican la presencia de una en la otra. Piensen en el ‘Songs of Innocence and Experience’, los poemas, historias y novelas de D.H.Lawrence y algunos de los mejores poemas de W.B.Yeats. (Yeats, de echo, es una fuerte y perfectamente asumida influencia en Bono). Mucho del cada vez mayor atractivo de Pop está en su magnífico intento, ampliamente exitoso, para unir lo espiritual y lo sexual, para reconocer las extrañas maneras en las cuales la oscuridad suspira por la luz, para expresar el reconocimiento de que la pasión sexual puede ser una especie de oración. Take the colours of my imagination  Take the scent hanging in the air  Take this tangle of a conversation  And turn it into your own prayer (Do You Feel Loved?). Discothéque dice ‘You cannot connect it’ pero If God Will Send His Angels’ busca, a pesar del echo de que ‘They put Jesus in show business’, por el amor y la fé en una apasionadamente perdida forma.

 

En un mundo en el que ‘la libertad es simplemente codicia’, una búsqueda tal, conducida deliberadamente, parece condenada al desacuerdo. Y para decir la verdad de lo que veo, es la codicia la que domina, la codicia es el rey y la libertad es un niño hambriento que, si alimentado y sobreviviendo, puede crecer sano para servir a ese rey codicioso. Y aún así U2 continua para reconocer y expresar y cultivar la frágil semilla de la libertad, simplemente como, en muchas de esas canciones, Bono se esfuerza en conectar la energía sexual y espiritual. La suya es una de las siempre en expansión generosidad de mente, corazón y alma. Todo esto puede parecer sugerir que Pop es un album incansablemente serio, incluso solemne. Es serio pero también es, y principalmente, impresionantemente lírico y musicalmente mágico. Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen tienen ahora años de experiencia detrás de ellos. Pop es una resonante destilación de toda esa experiencia. Contra más escuchas a este fabuloso cuarteto, mejores se hacen. La hermosa claridad de la voz de Bono cuando canta acerca de sus exploraciones del amor, el sexo y la vida del espíritu en nuestro loco mundo de violencia, codicia y explotación es un faro cantante de esperanza en la oscuridad contemporánea. Las desafiantes letras y música de Pop deberían sonar y resonar en todas nuestras vidas.

 

 

 

Se decía que esta sería la intrépida y posiblemente auto-destructiva entrada de U2 en el oscuro corazón de la música dance moderna. Iba a ser un álbum de Tecno. Iba a ser un álbum de trip-hop. La discutida implicación del DJ Howie B y de Nellee Hooper (el antiguo productor de Soul II Soul, Bjork y Massive Attack) implicaba que había algo de verdad en esos rumores. La realidad es mucho menos inquietante y mucho más interesante de lo que se podía haber esperado. Después de 20 años el cuarteto irlandés ha hecho su primer gran álbum. Editado el 3 de marzo, POP no es un disco dance. No bailaríais más con el  de lo que le recitaríais poesía a una tostadora. U2 ha hecho lo que Blur podría haber echo con su epitomo quinto álbum, examinado aquí desfavorablemente hace tres semanas. No han intentado fabricar un sonido al por mayor: en vez de eso, han captado el espíritu de la nueva música electrónica y lo han utilizado para inspirar un magnífico album de rock. Esto, en otras palabras, es el lado más loco de la música de Prodigy para la Jilted Generation.

 

U2 no se han reinventado tanto como se han redescubierto. POP parece la feliz coincidencia de dos nuevas evoluciones. La primera es una totalmente inesperada melódica y sutilmente atmosférica --  un intensificado sentido de la luz y la sombra ( más que simplemente alto y tranquilo, como tan a menudo antes) parece haber infundido el material. La pura verdad es que los temas relucen como piedras preciosas. La segunda, el coqueteo con los estilos dance hace al tradicional estilo de escribir canciones incluso menos importante de lo que fue antes. U2 toca con todas sus fuerzas, un echo que instantáneamente se hace claro con la vertiginosa fuerza de la secuencia de 15 minutos que abre el album, que consiste en le single “Discotheque”, seguido de “Do You Feel Loved?” y “Mofo”. Las tres piezas mezclan sintetizadores rítmicos y tecnificados y/o ritmos sintéticos con el fiablemente neumático bajo y percusión de Adam Clayton y Larry Mullen. Hacen rock, para estar seguros, pero con gran fluidez. Conducidos hacia delante por el vívido y aventurero estilo de guitarra de Edge, galvanizado por la voz de Bono, U2 nunca ha sonado mejor.

 

Parece obvio que, desde aquí, las cosas sólo pueden ir cuesta abajo. Pues no. El hechizo lanzado por ese monumental comienzo nunca desaparece. “Miami”, co-producida por Howie B, es la primera oferta oscura. Tiene ritmos entrecortados e industriales, líneas de bajo robóticas, montones de zumbidos y tañidos metálicos. Si U2 iba a equivocarse, hubiera sido aquí, pero la inteligente manera en la que estos elementos poco familiares combinan con los acordes cambian y las melodías fantasmagóricas, medio sumergidas tienen un inesperadamente convincente efecto. En otra parte, “Last Night on Earth” establece un patrón a ser seguido por varias canciones, saliendo como una bonita pieza de nada más, antes de crecer a un intenso y conmovedor vendaval de canción. La mejor de esas es “Please”, tan tranquila al inicio, tan devastadora al final. De nuevo, el reparto de Bono es apasionado sin dar la impresión de que sus hemorroides están ardiendo.

 

Y así con “Mofo” y otro radical y sobresaliente tema, “Gone”, el contenido es raramente crudo, el material estándar sobre la fe y la desilusión rozar los hombros con algunos de sus exclusivamente demonios personales. “Mofo” parece ser una interesante meditación sobre el legado emocional de su madre, que murió cuando el tenía 14 años. De 12 temas, sólo dos fallan (el muy mundanamente de U2 “If God Will Send His Angels” y el caprichoso “The Playboy Mansion”, del disco). Para los estándares de todo el mundo, esta es una media favorable, haciéndolo todo más sorprendente de aprender que, leyendo entre líneas de recientes declaraciones de la banda había mucha tensión y conflicto en el estudio. Por otra parte, quizá esto era necesario. Como comentaba Bono sobre el actual estado de la música rock recientemente: ‘ Hay diferencia entre conectar algo por que es bueno y conectar algo por que te recuerda a algo que era bueno’. Por primera vez en 10 años, U2 ha tenido algo contra lo que reaccionar, otra que ellos mismos y su éxito fuera de control.

 

Es hora de darle a U2 lo que se le debe, entonces. En el pasado se les ha acusado de pretenciosos, tanto como con la gira Zoo TV (con la que salieron adelante) y con el album experimental de 1995 con los Passengers (con el que no salieron adelante). Aún así el último caso en interesante. Incluso Mullen detesta los Passengers, aunque The Edge piensa que su batería retomará ese estilo de batería de Passengers en unos cuantos años. Personalmente, lo dudo, pero, en retrospectiva, puedes verlo como un cuaderno de bocetos, una preparación para POP. Es un álbum fabuloso.

 

 


El riesgo hubiera sido una cosa estupenda. ¿Pop? ¡bah! U2 siempre fue una banda de rock. A pesar de todas las gilipolleces que han tenido que aguantar de que eran una banda folk, una banda de blues, de gospel, una banda casi de cualquier cosa, ni siquiera pudieron ser una banda de rock verdaderamente, como nos mostraron en Rattle & Hum – eran demasiado rígidos, demasiado asexuados, demasiado serios para reconocer el ridículo y la diversión y el temor de todo ello. No tuvieron la parte del “roll” de la ecuación, como memorablemente lo definió Sir Keef. Pero las bandas de rock nacidas en los 80 no pueden sobrevivir en los 90 sin empollarse algunos capítulos del libro de supervivencia del pop. Los capítulos titulados ‘Reinvención’ o ‘Seguir de moda’. Y particularmente ‘Siempre ha habido un elemento de  mezcla de batería y bajo / trip-hop / Bergkamp Piss Pie en nuestra música’. La cría de dinosaurios de los 80 no se pueden quedar en sus tumbonas al lado de la piscina bajo el sol y esperar que sus pedos perdidos llenen Wembley. Además, la mayoría de ellos vienen de la era post-punk, y todavía se preocupan de cosas como la ‘credibilidad’, la ‘integridad’ y el ‘respeto’ en otros círculos además de la revista Mojo.

 

La ambición muerde las uñas del éxito, o algo así. Y si Everything But The Girl puede hacerlo, vosotros también. Si U2 fueron una de las bandas que definieron los 80, especialmente la segunda mitad – conciencia del rock en estadios, la aristocracia de los Live-Aid, austeridad liberal, autenticidad chic, paranoya nuclear, hegemonía cultural americana, etc – entonces son demasiado conscientes que solo pueden reflexionar aspectos de los 90 – internacionalismo post Guerra Fría, eclecticismo y cultura dance, ironía, apatía post-Thatcher, saturación de los medios de comunicación – desde una perspectiva honradamente imparcial. No osarían en erigirse como portavoces de una generación nunca más. Así que, bien, vamos a dejarles que entren en la fiesta de fin de milenio. No sólo porque Pop es un muy buen trabajo que prueba que aún tienen mucho que ofrecer, como una revitalizada, reciclada y reempaquetada banda de rock’n’roll moderna. Así que…¿cómo pudo ocurrir esto? Quiero decir, ¿cómo de horrorosos eran U2 en los 80?.

 

Vamos a hacer recuento: el icono de la postura de alzar la bandera de la rebeldía; el impecablemente seguro, vagamente hipócrita tópico de que los políticos no dicen nada; las pretensión de ser hombres del pueblo; la carga de autenticidad de “Rattle & Hum”; la poesía de la basura: la retórica vacía sin fin, la gesticulación vacía y la pompa y circunstancia vacía del estilo de los himnos del rock en estadios que ellos personificaron. Aunque tíos estupendos, y cuando se concentraban en escribir canciones de amor básicas (veanse “The Unforgettable Fire”, “With or Without You”, “All I Want is You”) podían romper los corazones más duros. Asi, moderadamente horrorosos entonces. ¿Dónde fue todo correcto? No, no fue la ‘ironia’ lo que lo hizo. No fue la música dance, y no fueron las gafas de La Mosca. Fue sobre el cambio de década, cuando se dieron cuenta de que estaban mirando a un enorme y humeante abismo de mal gusto. U2 eran oficialmente un muermo, y no tenía sentido fingir que todavía podían ser la banda de la época, desde que estaban tan encadenados a los 80 en la mente de su público. Así que no merecía la pena preocuparse por eso. En vez de eso, se relajaron, aflojaron sus cinturones y vieron como el mundo giraba. Más importantemente, se relajaron lo suficiente para permitir que entrara algo de funk en su música, se adentraron en ricos filones de genuina sordidez de rock’n’roll e incluso se permitieron un poco de sexualidad de campo. Mientras tanto, como productos adjuntos, un sentido de drama y emoción que emergió desde las cenizas del melodrama y la grandilocuencia. Y no os atraganteis con el café, se rieron. Todavía lo estaban intentando con todas sus fuerzas. Pero, en su mayor parte, funcionó.

 

Aún había un montón de gilipolleces y hipocresía informal en los shows de Zoo TV y Zooropa, pero a pesar del mocoso olfateo de la policía (por que somos demasiado espesos para tratar con un poco de imágenes fascistas), aun consiguieron reconciliar el rock de estadios con sus contradicciones y tocar con su propia obra sin, por una vez, parecer pretenciosos gilipollas del rock artístico. Pero la ironía, el postmodernismo y lo kitsch son muy a menudo el último refugio del estilo de las putas en bancarrota. Es una vaga apatía burguesa en elegante ropa de segunda mano, e incluso necesitábamos una cucharada después de la década que U2 personificaron, pronto se convirtió en una sobredosis. Cuando el logro cultural definitivo es un insustancial collage de frescura como Pulp Fiction, ya sabes que es hora de una revisión de la realidad, hijo mio.

 

Afortunadamente, U2 acaban de aprender a surfear el Zeitgeist por ahora, si por un diseño marchoso o por devoción natural, y han hecho un disco que es tan postmoderno como sincero, tan sexy como conmovedor, tan hedonista como político, tan claro como oscuro, y tan humilde como su enorme sonido. Se puede discutir toda una noche acerca de sus motivos, pero tanto si han hacho una transformación sincera a la música dance como el futuro del rock’n’roll o simplemente se han subido al mismo tren y han comprado un billete en primera clase con la esperanza de que algunas ideas se le peguen, el resultado es una música puñeteramente maravillosa. Ya habéis oído Discothéque. Y en caso de que no os hayáis dado cuenta, es una canción sobre las drogas.  You Know you’re chewing bubblegum / you know what it is but you still want some / you just can’t get enough of that lovie dovie stuff. Ya sabeis, el amor es droga, la música es droga, la E es droga, pero ¿cómo coño vas a satisfacer tu ansia cuando esta todo medio cortado con la pobre manutención cultural y sensual que tenemos?. No es que hayamos estado escuchándola hasta diez veces, por que el martilleo en la entrepierna, los ritmos encabezonados, los tecno riffs y el sucio sonido urbano son muy adictivos. Ahora, esto es rock’n’roll que se arrastra y hace surco y chirria en los 90.

 

Y es música grande, fuerte, eufórica sin nunca haber sido rimbombante. ¿Quién lo habría pensado? Bueno, quizá Flood y Howie B, tal vez, que son el productor y el ayudante aquí. Pero los paisajes sonoros deben tanto a los nuevos horizontes de los sonidos post nucleares de la guitarra de The Edge. Los gustos por The Prodigy o Underworld recuerdan a Mofo, pero aun así se sienten orgullosos de Mofo. Es una persecución en coche de blancos nudillos y de techno rock a través de las apocalípticas calles de la nihilista noche del rock’n’roll ( noten la similitud de esa frase con el viejo estilo de las letras de U2 – inteligente utilización de las palabras) y es fantástico. Mientras tanto, Bono gruñe iracundos ritmos sobre buscar a su madre o algo así. ¡Y a nosotros no nos importa! ¡Por que ya no suena como un gilipollas!. Pero, mientras U2 esta descubriendo con éxito nuevos y valientes mundos para ellos, todavía hay mucho de los viejos U2 aquí… sólo que diferentes. Tres temas a mitad del álbum tienen estribillos destinados a ser cantados en estadios a lo largo y ancho del Medio-Oeste de los USA, con brazos extendidos al cielo. Pero de algún modo no te sentirás como si encendieses un mechero cuando esos temas acaben.

 

No son los himnos de antaño, llenos de tópicos falsos y prometedores, por que los temas son más penetrantes, complejos, preguntándonos en vez de diciéndonos, evocando un sentimiento de deseo en vez de bostezo. Staring at the Sun habla de ‘tener miedo de lo que te encuentres si te miras en el interior’, con un sentimiento verdadero de desesperación, ahora que las viejas y simples respuestas se ha comprobado estar equivocadas. Incluso hay una indirecta a la apología de falsos Mesías previos, ‘por que esos que no lo hacen (el mirar dentro de uno mismo) a menudo tienen que … predicar’. Last Night on Earth entonces parece sugerir, por que ‘el futuro es tan predecible, el pasado es demasiado incomodo’, también podríamos festejar como si fuera 1999, por que no vamos a encontrar catarsis en ningún otro sitio. Gone continua con una vena filosófica similar: ‘Adiós, puedes mantener ese traje de luces / estaré arriba con el sol, y no decaeré / y ya me he ido’. Jesús. Anímate. Puede que nunca ocurra. Bueno, probablemente ya ha ocurrido, de acuerdo con el tema final, Wake Up Dead Man, haciendo un llamamiento al buen Señor para que venga y probar suerte si El piensa que es lo suficiente auténtico, o ¿estamos destinados a revolcarnos en esta mierda para siempre jamás?.

 

Como mucho de este disco, la voz es asombrosamente frágil, desesperada. Y la política, si quieres utilizar una palabra tan espeluznante, es personal. Como en Please, un llamamiento hermosamente melancólico pero también desesperado a un amante auto destructivo y auto abusado, o la triste melodía de medianoche If You Wear that Velvet Dress. Y el efecto es más impactante de lo que pensabas que U2 podía llegar a ser. Todavía hay resquicios de la referencia postmodernista de Zooropa, más notablemente en The Playboy Mansion, pero todo el repaso de los nombres de Michael Jackson, OJ y el Big Mac, aquí hay corazón, como un cuadro pintado de un hombre con sus nariz aplastada contra el ubicuo escaparate de la sociedad moderna, conocedor de que nunca le será permitido el entrar en ella. El acompañamiento musical es elegante y raramente estilizado, un minuto rozando el trip-hop y el chirriante riff, el country blues, el lounge y el soul lo siguiente. Incluso Miami, un experimento con un arroyo de conciencia, parece que funciona.

 

Así que, ¿U2 en Todavía Relevante en 1997? Oh, sí. Y quizá este disco es Pop después de todo. En el sentido de que han calibrado el día por lo corto y los rizos y han extendido su zumo infeccioso, sórdido y loco por todo su sonido. Han deshonrado con éxito su propia visión bastarda del aspecto y del sonido del rock’n’roll, y empezaron con ‘Una guitarra roja, tres acordes y la verdad’ hasta el tecno modernismo sin ninguna vergüenza duradera. Todavía tienen el hambre, la pasión y la compasión sin tener que hacer un gran punto sin sentido sobre ello, y han encontrado un nuevo significado sin pomposidad. Mas importante, después de todos estos años, puedes seguir creyendo en U2. ¿Qué irónico es eso?.